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Con el verano llegan las altas temperaturas, un aspecto que también influye en el taller de carrocería de múltiples formas. Y es que, igual que ya vimos cómo las bajas temperaturas del invierno impactan de forma crítica en el trabajo del taller, ahora, vamos a ver cómo las altas temperaturas también tienen un papel igual de determinante.

Por un lado, con el verano puede caer la carga de trabajo (o incrementarse, dependiendo de la zona donde se encuentre nuestro negocio). Asimismo, en esta época debemos adecuar la producción a los recursos humanos disponibles debido a las vacaciones que deben disfrutar los profesionales del taller.

El calor y la productividad

De igual forma, el calor afecta al rendimiento de los trabajadores. Según el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo (INSHT) la temperatura para trabajos realizados en oficina debe ser de entre 17 y 27ºC, mientras que en locales donde se realizan trabajos ligeros, la temperatura adecuada oscila entre los 14 y los 25ºC. Sin embargo, en verano, se recomienda entre los 23 y 27ºC.

Y es que la exposición a ambientes calurosos puede suponer un riesgo para la salud. Se trata del denominado estrés térmico, que es la carga de calor a la que los trabajadores están expuestos y que resulta de la combinación de las condiciones ambientales (temperatura, humedad relativa…), de la actividad que realizan y de la ropa que utilicen.

Los efectos sobre la salud de un trabajador por la exposición al calor pueden ser: síncope por calor, deshidratación, agotamiento por calor o golpe de calor.

Por ello, mantener una temperatura adecuada y estable en el lugar de trabajo aumenta el confort de los empleados, que unido a un correcto funcionamiento de los equipos se traduce en una mayor productividad. De hecho, numerosos estudios afirman que los ambientes con temperaturas de 30ºC y menos de 15ºC reducen hasta un 10% la productividad del trabajador, por lo que lo ideal es mantenerla durante el verano entre los 21 y los 24ºC.

¿Y cómo se produce la pérdida de productividad por exceso de calor? Lo más habitual es que se produzca una sudoración excesiva, dolores de cabeza, presión baja y cansancio que conllevan una pérdida de concentración y, con ella, una reducción del ritmo en el desempeño de las tareas.

El calor y los materiales

Y no sólo las altas temperaturas afectan a los trabajadores del taller. Los materiales también se ven afectados por la subida del mercurio, lo que puede influir negativamente en el acabado de las reparaciones.

No en vano, entre los muchos factores que contribuyen al buen o mal resultado final de un repintado, además de la calidad de la pintura, las herramientas utilizadas, las condiciones de las instalaciones, o la pericia del técnico en las distintas fases del proceso, también influyen las condiciones ambientales (temperatura, humedad…) presentes en el almacenaje, preparación, aplicación y secado de la pintura. No tener en cuenta o no controlar estos factores puede provocar la aparición de defectos de repintado.

Las condiciones ambientales en el taller

La temperatura idónea para la aplicación de pintura se sitúa entre los 20 y 23ºC, con una humedad relativa en torno al 40-60%, ya que con estos valores se consigue la viscosidad apropiada para la pulverización de la pintura, una velocidad adecuada de evaporación de los disolventes y diluyentes de la pintura y, por tanto, una correcta extensión de la pintura.

Cuando estos valores alcanzan valores tanto altos como bajos, pueden afectar al acabado final e incluso al material de pintura antes de ser aplicado. En este sentido, las altas temperaturas hacen que la pintura se seque más rápido o que las piezas a reparar y el aire expulsado por la pistola estén más calientes, obligando al pintor a adaptar los procesos (preparación, aplicación, secado…) a estas condiciones.

Por ello, para obtener acabados de calidad es imprescindible el empleo de productos en perfectas condiciones de uso. Sin embargo, esto no sólo depende de la calidad en sí del producto en el momento de su adquisición, sino también de que estas cualidades se mantengan durante su almacenamiento. En este sentido, deberemos procurar que la temperatura de almacenaje no caiga de los 15ºC y no supere los 30. Ten en cuenta que la pintura es un producto químico, susceptible de variar sus propiedades por una temperatura ambiental elevada.

El calor en el proceso de repintado

Así, las altas temperaturas pueden afectar a la pintura provocando un espesamiento de ésta (mayor viscosidad), formación de pieles o sedimentación de los pigmentos. Por ello, los fabricantes de pinturas ponen a disposición del taller de chapa y pintura endurecedores y diluyentes para adecuarse a las diferentes condiciones de temperatura y humedad, debiendo elegir la combinación adecuada de producto, endurecedor y diluyente para evitar problemas en el acabado.

Además, si la temperatura ambiente es alta, el secado de la pintura es más rápìdo, afectando a su extensibilidad. De igual forma, al llegar más seca al soporte, puede generar pulverizados en el acabado.

Asimismo, en el caso de las bases metalizadas, el secado más rápido de la pintura puede afectar a las partículas metalizadas, afectando al brillo final y a la uniformidad del acabado.

Como ves, son muchos los aspectos en los que el calor puede influir negativamente en el taller. No obstante, tenerlos en cuenta, así como seguir ciertos consejos (como veremos en otro post) a la hora del repintado nos ayudarán a que el calor no afecte ni al rendimiento ni a la productividad del taller.

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